Cambio Climático y Autonomías Indígenas ¿Regulación sobre-natural del uso de recursos naturales indígenas?

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“Creemos en el ‘Jichi’”, dice don Elviro Yopié. “Si cazamos por demás, si somos muy codiciosos, si contaminamos el agua… el ‘Jichi’ se va o se muere. Entonces, llega la sequía, la mala pesca, o la poca cacería…”, añade. 

(Alain Muñoz)

CEJIS, 18 noviembre 2014.- Los pueblos indígenas construyeron, a lo largo del tiempo, una relación especial con sus territorios y todo lo que contienen. Esta hizo posible que selvas impenetrables del Petén, la Amazonía, o el Chaco, se mantengan hasta hoy. Además, muy llamativamente, reproduciendo su funcionalidad ambiental. ¿Cuál es su secreto, si siempre tuvieron presencia humana?… … ¡Hasta se la llegó a considerar  “nociva” para la preservación de la naturaleza! Hoy se la considera de alto valor para el Medio Ambiente a esas regiones del mundo.

Una de las respuestas está en las reglas de relacionamiento que los pueblos indígenas construyeron en el tiempo, para entenderse con el bosque y sus recursos. Son patrones de comportamiento, que fueron elevados a principios, valores, mitos y leyendas, hasta transformarse en “leyes” de respeto. Esto generó una especie de “pacto” entre la naturaleza y los seres humanos, en el que aquella permite regenerarse a partir del uso y aprovechamiento de éstos. “Algo tan sencillo pero tan difícil de hacer entender”,  afirman muchos cientistas sociales, que trabajan con indígenas.

Para la cultura del pueblo chiquitano, el “Jichi” es una especie de espíritu guardián que otorga o niega la caza, la pesca, y los recursos naturales. Cuando muere, se va, o se altera, la vida se vuelve insostenible. Marca el límite inmaterial de “lo malo y lo bueno”: una especie de oráculo del equilibrio de la naturaleza.

Este dueño y guardián del bosque se lo encuentra en toda la mitad oriental de Bolivia, desde la plena Amazonía, en el norte; hasta el bosque seco tropical, conocido como “Chaco”, en el Sur, compartido con Paraguay y Argentina.

“El jichi nos dice que hay lugares prohibidos”, advierte Elviro, “como sucede con ese cerro que tenemos por Palmarito, del que no sale la gente, se lleva a las personas… O las vuelve locas… Uno ve que cada lugar, que cada elemento, tiene su ‘Jichi’, su Guardián…”

Los chiquitanos, como Yopié, llaman “Casa Grande” a su territorio. También es otro de los nombres que dan al bosque.  “En la ‘Casa Grande’ tenemos de todo. Dependemos de eso… Es mejor convivir con el ‘Jichi’, como nuestros antepasados… No debemos dejar  que se muera…”

“Por eso, para cazar, primero tenemos que pedirle permiso al ‘Jichi’. Tenemos que dejarle un ‘charuto’ como regalo”, continua don Elviro, refiriéndose a un tipo de cigarro rústico, elaborado manualmente con hojas de tabaco.  “Por eso, sacamos sólo lo necesario, no tumbamos árboles con motosierra, no pescamos con dinamita…”, explica.

Con esas palabras, Yopié recordó aspectos de la espiritualidad indígena que regulan el uso de los recursos naturales. En realidad, la totalidad de la relación entre las personas y la naturaleza. Los chiquitanos del territorio de Monte Verde recogieron en un reglamento de uso y aprovechamiento de los recursos naturales, su larga experiencia ancestral de relación con la naturaleza. Contiene sus principios, valores, y cosmovisión propia, así como disposiciones específicas y sanciones.

Aunque  no necesariamente están conectadas con la normativa nacional de Medio Ambiente,  las especificaciones y sanciones garantizan de manera más efectiva la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales, como demuestra el hecho que los bosques que habitan perviven hasta hoy.

El Territorio Indígena de Monte Verde se encuentra en el Noreste del departamento de Santa Cruz, Bolivia. Abarca parte de tres provincias: Ñuflo de Chávez, Guarayos, y Velasco; así como diferentes porciones de cuatro municipios: Concepción (69%), San Javier (28%), Urubichá (2%) y San Ignacio de Velasco (1%).

Fue demandado por 117 comunidades de tres organizaciones chiquitanas: 46 comunidades de la Central Indígena Paikoneka de San Javier (CIP-SJ), 42 de la Central Indígena de las Comunidades de Concepción (CICC), y 29 comunidades de la Central Indígena de Comunidades Originarias Lomerío (CICOL).  Evo Morales Ayma, Presidente de la República, emitió el título de propiedad del Territorio de Monte Verde, el 21 de junio de 2007, con una extensión definitiva de 974.447,8320 hectáreas.

Experiencias similares se encuentran en toda en los pueblos indígenas del continente. Una de ellas se dio en la Amazonía colombiana, aplicando la regulación de los recursos naturales desde la espiritualidad indígena, a lo que la cultura occidental después llamó “planificación u ordenamiento territorial”. Mediante una consulta ritual, reconstruyeron como fue su territorio, en los primeros tiempos, según los relatos de sus ancestros.

Una de las características de las sociedades indígenas es ser “cosmocéntricas”, es decir el propósito por el cual surgió el universo es el centro de todo. Esta visión inspira, rige, y de ella se deriva la relación entre las personas y la naturaleza. La consecuencia de esa visión es el Principio de No Contradicción que rige en esas sociedades: no existiría conflicto entre el mundo sobre-natural y natural, porque son una misma y sola cosa.

“El concepto de los Derechos de la Madre Tierra implica un soporte cosmocéntrico que apunta hacia el equilibrio biosférico del ser humano con la naturaleza. Los derechos humanos se encastran, dentro de un holón más grande que son los derechos de la naturaleza. […] El enfoque biocultural de la Complementariedad […] se convierte en un buen paraguas para operativizar, interculturalmente, la estrategia de Cambio Climático”, según un informe de la Cooperación Internacional en Bolivia.

Ese informe se refiere al Programa Nacional de Biocultura (PNB), cuyo objetivo es promover la conservación de los ecosistemas y el “Vivir Bien” de comunidades campesinas e indígenas, a través del manejo sustentable de su biodiversidad, así como del respeto y la revalorización de las culturas locales.

En el PNB participan cuatro contrapartes internacionales, y 40 bolivianas, entre nacionales (2), departamentales (3), y municipales (35). El programa benefició a 11.500 familias, de 300 comunidades, en 35 municipios rurales, de 6 departamentos, indica el informe.

Desde esa visión habló don Elviro Yopié, en el Salón del Concejo Municipal de San Javier, ante 40 personas, hombres y mujeres, todas dirigentes del Territorio Indígena Monte Verde. Se reunieron para actualizar su reglamento de uso de recursos naturales, aprobado en 2011.

“Tenemos que actualizar nuestra norma, con el aprovechamiento integral… Nuestro reglamento, además de decir que debemos aprovechar la madera, también tiene que decir que aprovecharemos las cáscaras, las plantas medicinales, las plantas ornamentales…como siempre lo hemos hecho”, ejemplificó.

“Todos somos dueños, y todos nos tenemos que beneficiar… El beneficio del aprovechamiento integral de nuestros recursos naturales tiene que servir para mejorar la educación, la salud, las viviendas, y los caminos, en nuestro territorio”, concluyó don Elviro.

Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social CEJIS

Santa Cruz – Bolivia

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